En plena reconversión industrial española en los 80 numeras empresas del metal se quedaron sin empresario. La crisis era de tal calibre, inimaginable para los que sólo han vivido la bonanza económica de entresiglos, que hubo que darle vueltas a la imaginación. Y así, conjugando la necesidad de mantener el empleo con los créditos preferentes de plantillas, Seguridad Social, Hacienda y la magia de los procedimientos concursales, muchas de las pymes en quiebra del sector se convirtieron en SALes, las famosas Sociedades Anónimas Laborales.
En resumen, y bajo la cobertura de una Sociedad Anónima, pero moduladas por el hecho de tener como accionista de referencia a los propios trabajadores de la empresas, se articularon como la vía de continuidad a empresas quebradas. Los acreedores accedían a procedimientos de quita y espera, porque la alternativa era no cobrar nada, los trabajadores capitalizaban sus créditos, y otro tanto hacían las Administraciones Públicas, que incluso regaban con subvenciones y vista gorda el nacimiento de estas empresas.
De algún modo, un par de posts de Inmosfera (muy recomendable blog), a propósito de soluciones para la crisis de las pequeñas agencias inmobiliarias me ha recordado este episodio, tan lejano por otra parte en el tiempo, en el sector, en los protagonistas, aunque con similitudes como luego demostraré.
Y es que Jean Paúl propone como una alternativa al momento de crisis actual la colaboración, un algo más allá que la llamada coopetencia. Desarrolla la propuesta en dos posts, con un planteamiento y un ejemplo. En el fondo no supone más que la institucionalización de una practica común entre las agencias que conozco, el darle forma estructural a algo que es coyuntural y que de algún modo ya pasa dentro de las mismas franquicias.
Se trata de poner en común tanto la captación de los inmuebles como los potenciales clientes. Evidentemente para ello es fundamental que la captación se realice mediante el sistema de exclusiva. De este modo, en vez de competir por los pisos o por los clientes, conduciendo a una rebaja de los márgenes y a un cierto mareo de propietario y comprador, se preserva todo esto a la vez que se vende como valor añadido la fortaleza de una red comercial que va más allá de la propia inmobiliaria, y que abarca una red. Evidentemente se deberá establecer de antemano que parte de la comisión va al captador del inmueble y cual a quien aporta el cliente. Todo ello supone una defensa del margen y una economía de esfuerzos considerable.
Como digo esto ya lo he visto con anterioridad entre pequeñas inmobiliarias, a veces funcionando de un modo complementario por zonas o tipos de cliente, otras siendo pura y dura competencia. Es más, ha habido ocasiones en que el reparto se daba entre tres inmobiliarias. La que tenía al comprador, la que tenía la exclusiva de la venta y la que hacía de hombre bueno o mediador, y les ponía en contacto a ambas. Ahora, toca pensar que pedazo de comisión debía estar en juego. Evidentemente entre los comerciales de una inmobiliaria es el mecanismo habitual, o incluso en franquicias como REMAX, bajo el sistema de MLS, como señalan en la propia Inmosfera.
Jean Paúl señala ejemplos en Elche, o en La Costa del Sol. Yo, buscando en prensa, puedo señalar alguno más al Norte. Sin embargo, creo que no llegarán excesivamente lejos, aunque me parece loable el esfuerzo. Es posible que alguna salga adelante, pero como solución global no la veo. Y es que me acuerdo perfectamente de lo que pasó con aquellas SALes.
La mayor parte de las SALes que conozco que nacieron de la crisis desparecieron o se convirtieron en sociedades ordinarias. Y es que me temo que este tipo de soluciones paridas cuando el niño ya viene de culo no funcionan. En aquel caso se daban múltiples motivos que, con honestidad, creo que se pueden volver a dar aquí. Se pretende cambiar una forma de trabajo muy clara y aceptada, aunque en crisis, por una muy novedosa, que implicaba colaboración y compromiso por todas las partes. En la mayoría de los casos no fue así. No había un claro modelo de Gobierno Empresarial, de gestión, de asunción de responsabilidades. Se seguía funcionando, en gran medida con clichés antiguos.
Y en buena medida es lo que me temo que va a pasar con estas inmobiliarias. Han llegado hasta aquí por las malas. Al margen de las colaboraciones puntuales que señalo, es difícil imaginar un negocio más atomizado e individualistas que éste. Y para la buena marcha del mismo es fundamental pasar del yo al nosotros, es fundamental el equilibrio entre el dar y el recibir, y la confianza en la buena fe de las partes (que nadie se aproveche o se salte el sistema). Si en años de bonanza, en las propias plantillas de las inmobiliarias era frecuentísimo el caso de comerciales que tenían un negocio paralelo, aprovechándose eso si , del trabajo de los otros, que va a impedir que en estos años de plomo, agencias que hasta ayer eran competencia feroz, se oculten propiedades o clientes, o lo que es más grave, cierres de operaciones.
Y es que, al igual que ocurría en el caso de las SALes echo a faltar en estas asociaciones, agrupaciones, etc..la figura del gerente, del coordinador, del, llamémosle por su nombre, del EMPRESARIO que dirija estas formulas de colaboración. Y no lo hay porque implica poder y mando sobre las agencias, algo que difícilmente aceptarán las agencias que conozco. Alguien que consiguiese no sólo que no se engañen entre si, si no que puediese obtener otras economías de escala como la publicidad, la cobertura jurídica, la…Todo eso acaba desembocando en la integración.
Que es lo que en mi opinión debe, y va a ocurrir. El funcionamiento señalado me parece que roza las prácticas del cartel y atenta contra la libre competencia si se da en zonas geográficas concretas. Y algo de eso hay en alguna propuesta, amenazando de ruina a quien no se suba al barco.
¿Los perjudicados? Todos aquellos agentes inmobiliarios que han decidido tomar el tortuoso y solitario camino hacia el fracaso
Como persona con mentalidad liberal no puedo compartir que se limiten las opciones de comprador y vendedor. Me parece una clara restricción de la competencia en los mercados, lo cual a largo plazo no es bueno, ni para clientes, ni para las propias inmobiliarias, amén de las posibles implicaciones legales.
PD: El caso de colaboración entre agencias de diferentes zonas o especializadas en productos distintos es algo totalmente distinto. Entiendo que este relación de partners es, en estos supuestos, deseable y beneficiosa para todos, incluido el cliente
Via | Inmosfera I y II
Informa: cienladrillos.jpsica.com/2008/03/10-la-union-hace-la-fu
Me parece un post muy interesante pero hay algunos argumentos con los que no estoy de acuerdo y explico porque:
“Evidentemente para ello es fundamental que la captación se realice mediante el sistema de exclusiva.”
No necesariamente. Una red de colaboración entre inmobiliarias no es una trama oscura o una forma de “enganchar” propiedades en exclusiva. Se puede colaborar con propiedades que no estén captadas en exclusiva perfectamente. Eso sí, debe existir una normativa que establezca la manera en como se comparten las propiedades.
Y es que me temo que este tipo de soluciones paridas cuando el niño ya viene de culo no funcionan… …Se pretende cambiar una forma de trabajo muy clara y aceptada, aunque en crisis, por una muy novedosa, que implicaba colaboración y compromiso por todas las partes.
Totalmente en desacuerdo con este argumento por varios motivos. Primero, estoy de acuerdo que buscar soluciones cuando la crisis ya ha comenzado llega tarde. Pero no es la primera vez que ocurre y un ejemplo claro es la industria musical –las discográficas y los artistas siguen luchando contra la música digital y la piratería y no han movido ficha para afrontar su crisis. Siguen empeñados en imponer un canon absurdo sin darse cuenta que grupos como Radiohead han modificado su forma de trabajo para adaptarse.
Segundo, ¿Quién piensa que la forma de trabajo de las agencias inmobiliarias es muy clara y aceptada? La principal queja de los clientes de las inmobiliarias es la falta de transparencia durante el proceso de compraventa y casi nadie esta de acuerdo con la forma poco profesional de la mayoría de las agencias.
La idea de crear una asociación surge para responder a esta falta de profesionalización del sector y trabajar de manera transparente y enfocada a resolver los problemas actuales de los compradores y propietarios de viviendas. Esto se consigue precisamente con mayor colaboración y compromiso por todas las partes.
El funcionamiento señalado me parece que roza las prácticas del cartel y atenta contra la libre competencia si se da en zonas geográficas concretas.
Comparar una asociación inmobiliaria con un cartel me parece algo que roza lo exagerado. Existen infinidad de sectores que se agrupan para colaborar entre si y prácticamente cada sector tiene su asociación que los representa. ¿Se pueden considerar las franquicias inmobiliarias carteles? (Hasta ahora no conozco a nadie que lo haya hecho) ¿Se pueden considerar las inmobiliarias con varias oficinas en la misma zona mini carteles que controlan los precios y la oferta de la zona? Yo pienso que no.
Además este argumento carece de un punto sin fundamento: en los carteles se regula el precio y la producción para perjudicar a la competencia y ganar cuota de mercado. Con las asociaciones inmobiliarias esto jamás ocurriría ya que el precio y la oferta la marca el propietario y no la asociación.